Mira la hora, cierra el libro, se levanta…
Prende la tele… Busca algo para ver… No hay nada, pero la deja prendida…
Se sienta pensativa en la cama…
Imagina como pagar un colectivo con besos…
Imagina como ser una estrella de rock…
Le llama la atención una publicidad… se rie...
Mira la hora y decide volver a estudiar…
Se levanta, apaga la tele…
Se sienta, abre el libro…
Empieza a leer…
Sueños de una mente.
El tiempo pasa, nosotros seguimos acá sentados en la misma banca del jardín de este asilo, cada vez mas viejos, ni nos damos cuenta, cada segundo es un latido más cerca de la muerte, aun así sabemos que no nos queda nada por hacer, por eso, vivimos con una sonrisa de oreja a oreja…
Siempre charlamos de lo que notamos en la sociedad que pasa delante de los barrotes que dan a la calle, todos los días lo mismo, aburridos de estar aburridos…
Pero un martes apareció un joven diciendo ser mi nieto, yo con mis 89 años no recordaba tenerlo.
El joven estaba muy ansioso de verme, no sabía por que, y la verdad me intrigaba mucho, así que le pregunte, el me respondió que todas las semanas me visitaba, generalmente los martes después del colegio… luego de explicarme varias cosas, me comento que le gustaba oír mis historias, y aunque nunca me acuerde de el, siempre era una historia distinta, y realmente las disfrutaba…
Al oír lo que me contaba, decidí contarle una historia, pensé un rato, no me venia ninguna a la mente…
Al rato le pregunte si le había contado alguna vez la historia de cuando era chiquito y se encontraba con el mismo pero en algún futuro.
El niño le contesto que no, así que comencé la historia… … …
Mira la hora, cierra el libro, ya convencido de que no lo iba a leer para el otro día…
Se acuesta en la cama…
Apaga la luz…